Carlos Taibo: “España sigue siendo un país de segunda fila en la UE”
DATO
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| Lunes, 1 de Septiembre de 2008 | ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() |
| Etiquetas: Carlos Taibo | |
Carlos Taibo es, probablemente, uno de los mayores expertos en política internacional del país. Ha escrito más de 40 libros sobre esta materia y colabora con diversos medios nacionales. Ferviente defensor del movimiento antiglobalización, idealista y crítico con las clases dirigentes, concluye sin temor que "un mundo peor sí es posible". DATO repasa con él la situación actual del planeta y avanza las claves del futuro.
DATO ÁLAVA: ¿Está tan enfermo el mundo actual como revela en sus libros, comentarios y críticas? ¿No ha cambiado nada?
CARLOS TAIBO: Me temo que no. Creo que si no se frenan los procesos en curso, y no hay ningún motivo para pensar que los poderosos lo vayan a hacer, nos adentramos en una etapa de caos general que puede escapar a su control. Hay diferencias cada vez más abismales entre los ricos y los pobres, y 50.000 seres humanos mueren cada día de hambre. Así es difícil ser inteligentemente optimista del planeta. Pero hay más. Estamos enfrentados al problema de los límites de la tierra, que nos invita a recelar de cualquier proyecto que apunte sin más al crecimiento económico sin percartarse de que tenemos que empezar a frenar y buscar otras maneras de relacionarnos con la naturaleza.
D. Á.: ¿Es factible eso, concienciar a la gente a que renuncie a su actual modo de vida?
C. T.: No debemos confundir consumo de bienes con calidad de vida. Aquí hay una trampa saducea. Podemos vivir con mucho menos de lo que tenemos y ser igual o más felices. Ésta es la discusión fundamental, pero si no somos capaces de reducir racionalmente el consumo lo tendremos que hacer por las malas con la llegada del cambio climático y encarecimiento de los precios de las materias primas.
D. Á.: El petróleo da síntomas de agotamiento y la energía nuclear vuelve a estar encima de la mesa. ¿Tiene usted una opinión al respecto?
C. T.: Creo que la energía nuclear, en el mejor de los casos, es pan para hoy y hambre para mañana. El uranio es un bien escaso, tanto como el petróleo y el gas natural, y la proliferación de centrales que se anuncian en un futuro lo hará todavía más escaso. Se habla de 40 años de uranio, pero podrían reducirse a 20 ó 25 si se construyen.

D. Á.: ¿No hay excepcionalidades en su discurso nuclear?
C. T.: La energía nuclear es extremadamente cara y los recursos que exige son muy dañinos en términos de cambio climático. Esto hace que tampoco sea esa energía limpia y mágica que nos retratan. Además todavía no sabemos qué hacer con los residuos, lo cual se convierte en un problema para las generaciones futuras. Puedo admitir que la energía nuclear sea una energía de transición para satisfacer determinadas demandas en un momento crítico, pero mi estimación y experiencia es que, al final, son energías que lejos de resolver el problema, lo agudizan.
D. Á.: Entonces, ¿qué medidas contempla usted?
C. T.: Hay que comenzar a tomarse en serio la perspectiva de las energías renovables, pero al servicio de una sociedad no caracterizada por el despilfarro energético, que es lo que nos pasa hoy.
D. Á.: La postura del Gobierno de Zapatero es clara en este sentido, pero en el debate nuclear se muestra ambiguo. ¿Cómo cree que debería posicionarse?
C. T.: El Gobierno manifiesta su creencia en este tipo de energías, pero en momento alguno está aplicando políticas que inviten a una reducción de los niveles de consumo. Esta imagen de las ciudades llenas de coches en permanente atasco es un absurdo a los ojos de cualquiera moderadamente consciente.
D. Á.: Sí, pero ¿cree que España se mantendrá al margen de la apuesta nuclear?
C. T.: Lo dudo. Con las presiones de las grandes multinacionales y el encarecimiento del petróleo y las materias primas, intuyo que acabará por sucumbir en un grado u otro a estas presiones.
D. Á.: La emergencia de dos grandes potencias como China e India ha disparado la demanda de oferta energética y, en consecuencia, el encarecimiento de las materias primas. ¿A qué se puede aferrar Europa?
C. T.: Sería saludable que nos intentáramos adaptar, no desde la perspectiva de reducir, por ejemplo, nuestros derechos sociales, sino en la de asumir que tenemos que vivir con menos siendo igual de felices. Hay que romper ese falso modo de vida esclavo, que nos dice que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes consumamos.
D. Á.: ¿No se puede ser feliz así?
C. T.: Hoy sabemos que el planeta no puede vivir sobre la base de los hábitos tradicionales de vida de EE UU y la Unión Europea. Y esto implica que debemos asumir, no que los demás no tienen derecho a demandar su nivel de vida, sino reducir el nuestro para equilibrar la situación.
D. Á.: Estados Unidos ya ha advertido de que no piensa prescindir de su modo de vida...
C. T.: Cierto, pero quieren hacerlo sobre la base del ejercicio de la rapiña permanente en el resto del planeta. Ésta no es una política privativa exclusiva suya, sino también de los países del norte desarrollados.
D. Á.: ¿Cuál cree usted que sería el modelo más correcto?
C. T.: Tengo cierta confianza en que empiece a surgir en la base de las sociedades una conciencia real sobre la necesidad de modificar, por ejemplo, los hábitos de consumo. Sin embargo, hay una percepción común que cree que todos estos problemas ya los han tenido en cuenta nuestros gobernantes, que tienen perfiladas las respuestas. Pues me temo que esto es una equivocación. Los políticos mueven el carro que viene del pasado y a menudo están vinculados a intereses económicos que dificultan la resolución de los problemas.
D. Á.: Este mecanismo que usted propone de equilibrio mundial tal vez pueda ajustarse en las economías más liberales, pero en potencias como India o China esto no está siendo así...
C. T.: Es cierto que en estos países están emergiendo algunas de las reglas del juego más truculentas de la globalización capitalista como la explotación más absoluta de los trabajadores en ausencia de los derechos sociales y laborales más elementales. Por eso no es ése el modelo en que tenemos que fijarnos.
D. Á.: Parafraseando el título de uno de sus libros, ¿es posible un mundo peor?
C. T.: Sin duda.
D. Á.: ¿Qué hace falta entonces para reaccionar?
C. T.: No lo sé, pero ojalá llegara una dura recesión económica que nos colocase en serio delante de los problemas y evitase que bromeáramos sobre cuestiones que merecen un tratamiento más serio.
D. Á.: Le pregunto ahora por Estados Unidos y sus últimas semanas de campaña electoral. ¿Cree que ganará Obama?
C. T.: Es lo más probable y es lo que invitan a decir las encuestas. Obama tiene más posibilidades que McCain.
D. Á.: ¿Cómo influiría esto en el resto del mundo?
C. T.: Habrá que ver lo que al final consigue y lo que le dejan hacer. En los últimos meses, sin ir más lejos, Obama ha bajado el tono de su apuesta electoral.
D. Á.: ¿A qué se refiere?
C. T.: A Irak, por ejemplo. En lugar de apostar por una retirada inmediata, como dijo, ahora ha anunciado una retirada escalonada; o sus reiteradas declaraciones en el sentido de que la prioridad a la hora de encarar el problema del Oriente Próximo es garantizar la seguridad de Israel...
D. Á.: Gane uno u otro, ¿cómo debería posicionarse el Gobierno español?
C. T.: Creo que el Gobierno no ha roto relaciones con los Estados Unidos en los últimos años, pese a que ésta es la retórica que emplea el Partido Popular. Creo recordar que siguen en pie dos bases militares en Morón y Rota, y que España sigue siendo un aliado fiel en el marco de la OTAN. Estos no son datos saludables a efectos de diseñar una política solidaria con los desheredados del planeta.
Valoración líderes mundiales
D. Á.: El hasta ahora presidente de los Estados Unidos, George Bush, proyecta en su gira mundial de despedida un pacto global contra el calentamiento del planeta. ¿Cómo lo interpreta?
C. T.: Suena a broma, pero oculta de fondo un proyecto distinto. Bush se ha percatado de que no tiene sentido negar que la especie humana está dañando gravemente equilibrios ambientales muy básicos, por eso su apuesta principal consiste en buscar la dimensión de negocio que puede derivarse del cambio climático, es decir, la defensa de los intereses económicos y comerciales más tradicionales.
D. Á.: ¿Ha sido uno de los peores dirigentes de la historia?
C. T.: No lo sé, aunque sí que de los mejores no ha sido. También he señalado muchas veces que no debemos idealizar la figura de su antecesor, que era Bill Clinton, que es una tentación muy fácil con el momento actual. Clinton fue el responsable de colocar a Estados Unidos al margen de la legalidad internacional en ámbitos muy dispares.
D. Á.: Refrésquenos la memoria...
C. T.: Estaba acostumbrado a consultar aliados tradicionalmente dóciles y es responsable de la muerte de más civiles iraquíes a través de un embargo macabro que el propio Bush a través de una intervención militar. Por eso, siendo intrínsicamente perverso el periodo de Bush, tampoco habría que lanzar las campanas al vuelo respecto a lo que hicieron sus antecesores.
D. Á.: ¿Le resulta fácil destacar algún dirigente ejemplar?
C. T.: Es difícil que en mi caso muestre simpatía abierta por un dirigente político, porque creo poco en la política y en las jerarquías. Pero si tengo que mencionar alguno me quedaría con Gandhi y Salvador Allende.
D. Á.: ¿Asistirán las próximas generaciones al declive del imperio ‘yanki'?
C. T.: Es una posibilidad certera. La ceguera de sus gobernantes ante la irrupción de problemas básicos puede aconsejar que sí, pero tal y como van las cosas, me temo que el hundimiento del imperio iba a ser también el hundimiento de buena parte del planeta, con lo cual el horizonte no es muy estimulante.
D. Á.: ¿En qué nivel situaría el peso político de España en la política internacional?
C. T.: No nos engañemos: España sigue siendo un país de segunda fila dentro de la UE. No es uno de los que corta el bacalao, pero es verdad que ser un país de segunda fila en la UE tiene sus ventajas. Ahora bien, recelo de algunos códigos publicísticos como que somos la octava potencia económica del mundo. No veo que esto sea ninguna fuente de orgullo. No cuento a mis amigos por la riqueza que tienen, sino por su capacidad de mostrarse solidarios. Y precisamente España no es la octava potencia más solidaria, ¿no?
D. Á.: A propósito de esto, el Gobierno ha respaldado la directiva de retorno, que faculta a las autoridades europeas a expulsar de sus territorios a inmigrantes ilegales.
C. T.: Zapatero sabe de sobra que esta directiva de la vergüenza introduce medidas que cancelan derechos básicos y criminalizan a los inmigrantes ilegales; los convierten en seres al margen de la ley. Y esto es extremadamente grave, máxime cuando se empecinan en presentar la propuesta como saludable y como generadora de un sistema de garantías cuando es todo lo contrario.
D. Á.: ¿Por qué sigue cuestionando el papel de España en la OTAN?
C. T.: Creo que la OTAN es la principal organización de seguridad de los países más ricos. Y creo que su propósito fundamental es mantener ese privilegio. Pero mi visión del mundo me dice que hay que encarar los problemas procurando acabar con los privilegios, con lo cual no entiendo cómo la OTAN puede servir de instrumento para esto. Si quiere convencernos, lo que tiene que hacer es desplegar sus soldados en Gaza y Cisjordania para exigir que el ejército de Israel abandone los territorios que ocupa ilegalmente.
D. Á.: ¿Es ingenuo pensar que algún día se instaure en Oriente Próximo un régimen democrático?
C. T.: No creo que sea ése el propósito de las potencias occidentales, sino más bien perfilar formas que permitan garantizar el control de una región que geoestratégicamente es muy importante y geoeconómicamente, más aún. En ese sentido, el apoyo de Occidente a Israel no es equivocado. Es su baluarte en la región, lo cual permite evitar la aparición de proyectos alternativos en la zona. Las potencias occidentales están mucho más cómodas con gobiernos dictatoriales en el mundo árabe.
D. Á.: El papel de las ONGs en ésta y otras ‘zonas calientes' del globo, ¿sirven realmente para algo?
C. T.: Hay de todo. Lo de las ONGs es un cajón ‘desastre' donde caben realidades muy distintas. Las hay muy buenas, que se mueven en el sentido de la ayuda e incentivar la conciencia popular, y también las hay muy miserables. Pero en términos generales, los últimos 15 años no han sido buenos para las ONGs. En parte porque no deja de ser paradójico que tantas organizaciones que se autodenominan no gubernamentales dependan estrictamente de los presupuestos públicos, y, en parte, porque en muchos casos se han forjado en sus cúpulas auténticos ‘sillones' funcionariales más interesados en preservar sus a menudo bien pagados puestos de trabajo que en atender a las poblaciones. Pero, en cualquier caso, el mundo que tenemos sería peor si no existieran las ONGs. No tengo duda de esto.
Valoración países
D. Á.: Le custiono por Cuba. ¿Qué cree que cambiará tras la muerte de Fidel Castro?
C. T.: Es difícil imaginar que su muerte no vaya a tener efectos notables, pero también es cierto que los actuales dirigentes han iniciado un proceso que probablemente tiende a evitar que los cambios sean muy drásticos y se escapen de su control. Ya hay voces que alertan que la opción de Raúl Castro lo es en provecho de un modelo similar al chino o vietnamita. Y esto sería un horizonte bastante poco estimulante si es que el objetivo sería buscar una salida al proceso cubano que no permitiese la dominación asquerosa de Wasghinton sobre la isla ni la preservación de un régimen dictatorial y cancelador de muchos derechos humanos como es el régimen cubano de hoy.
D. Á.: A la figura de Castro se ha unido en los últimos años la de Hugo Chávez, presidente de Venezuela, y posteriormente la de Evo Morales, homólogo en Bolivia. Los tres conforman un triunvirato populista e incómodo para las economías más capitalistas. ¿Qué recorrido les augura?
C. T.: Son tres situaciones muy distintas pese a las apariencias. El proceso cubano lleva 50 años y muestra carencias en articulación democrática. El venezolado es distinto. No olvidemos que Chávez es un presidente legitimado por las urnas y que a mi entender es una sorpresa agradable en la medida que ha intentado introducir cambios entre los más desfavorecidos. Su caso merece ser analizado desde este punto de vista con cierta distancia, cosa que me temo no hacen la mayoría de los medios de comunicación españoles.
D. Á.: ¿Y Bolivia?
C. T.: En Bolivia me temo que hay una dinámica muy distinta de las dos anteriores en la medida en que hay un movimiento de base fundamentalmente indígena decidido a restaurar derechos que fueron históricamente lapidados por los colonizadores durante mucho tiempo. Las condiciones económicas son distintas en estos tres países, con lo cual, casi prefiero hablar de un proceso general en América Latina, que refleja como poco el descontento de una mayoría de ciudadanos en lo que respecta a sistemas falsamente democráticos que no han reducido un problema endémico como es la alarmante disparidad de ingresos que caracterizan a las diferentes capas sociales en los países de América Latina.
D. Á.: Más allá del choque diplomático con el Rey en Chile, ¿qué cree que hay de fondo en la animadversión hacia Hugo Chávez por parte de las autoridades políticas y económicas españolas?
C. T.: Supongo que el episodio con el Rey no ayudó, como tampoco sus represalias hacia las empresas españolas allí instaladas. Creo que ésta es la razón de fondo, pero habría que preguntarse si la opinión pública española tiene que defender por definición los intereses de las empresas españolas o si por el contrario debe reservarse el derecho a juzgar cuáles son las actitudes de esas empresas.
D. Á.: ¿Se atreve a dar un nombre?
C. T.: Repsol YPF, por ejemplo. Lo que está haciendo en Ecuador y Argentina me parece comúnmente repugnante y el hecho de que sea una empresa española no me obliga a defenderla.
D. Á.: Le interpelo ahora sobre un conflicto que conoce bien, el de Chechenia, enquistado desde mediados de los 90. ¿Cree que hay indicios de encontrar una salida?
C. T.: Las razones de la perseverancia de este conclicto -lleva activo desde 1994- son fáciles de explicar. Aquí hay una balanza con dos platos; en uno están los derechos del pueblo checheno y en el otro está Rusia, pieza fundamental en materias primas, y su fluída relación con la Unión Eeuropea. Está claro cuál de esos dos platos pesa más y cuál es la actitud de la UE, visiblemente condescendiente con las políticas de represión salvaje defendidas por parte de los gobernantes rusos. En este escenario no preveo elementos para concluir que se va a desbloquear el conflicto checheno. Por desgracia, al presidente Putin le fue muy bien con la política de fuerza e intuyo que su sucesor la va mantener en pie.
D. Á.: ¿Cree que algún día Rusia volverá a brillar en el mapa político y económico mundial como lo hizo en los 80?
C. T.: Los tiempos son diferentes, pero no olvidemos que Rusia sigue siendo el país más grande y, en términos de materias primas, el más rico del planeta, lo cual convierte su candidatura en algo serio a efectos de desarrollar papeles relevantes en el mundo contemporáneo. Pero la cuestión de fondo es el proyecto correspondiente en el caso probable de que renazca. ¿A qué servicio estará? Al servicio del pueblo o al de una minoría de oligarcas, como me temo que invita a concluir el juego politico que se destila hoy en Rusia.
Consulta del ‘lehendakari' Ibarretxe
D. Á.: El Parlamento vasco aprobó el pasado julio la celebración de una consulta popular entre el pueblo vasco para decidir su futuro. ¿Usted es partidario de este tipo de medidas?
C. T.: El hecho de que los medios de comunicación hayan cargado contra ella de manera inmisericorde ha hecho que incipientemente muestre alguna simpatía por ella. Con esto quiero decir, en primer lugar, que dudo de que sea inconstitucional presentar un par de preguntas cuando además su efecto no es vinculante. Y en segundo término me gustaría saber qué es lo que temen los que se oponen de manera tan drástica a esta consulta. En cualquier caso admito que la cuestión es muy compleja y presenta muchas aristas, pero en un país en que una banda ha asesinado a cientos de personas durante décadas, que alguien quiera convocar una consulta me parece, en el mejor de los casos, un pecado menor.
Perfil: Un idealista "bibliofrénico"
A Carlos Taibo (Madrid, 1956) pocas cosas le entusiasman más que la docencia y la lectura. La primera la lleva a cabo desde hace décadas en la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Con la segunda mantiene una relación más profunda. Comenzó a leer desde joven. Novela histórica, policíaca, literatura portuguesa, gallega... "Me gusta de todo. Soy, si se me permite la expresión, un bibliofrénico", explica. Taibo aprovecha sus innumerables viajes en transporte público -no sabe ni quiere aprender a conducir- para devorar libros. Entre manos tiene ahora ‘Conversaciones con Albert Speer', un ex dirigente nazi no enjuiciado en Nuremberg, y otros cinco libros más ya empezados. Cada año imparte además cerca de 150 conferencias y procura escribir algún libro. Este mes se edita su último título: ‘150 preguntas sobre el nuevo desorden'.
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